¿Qué es "Entropía binaria"?

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¿Qué es "Entropía binaria"?

"Entropía" es un proyecto social y técnico que fue sedimentando de a poco y cocinándose a fuego lento. Ni siquiera yo sabía en qué se iba a convertir a la larga, porque empezó siendo solamente un proyecto educativo para poner clases grabadas en YouTube para mis estudiantes. Es importante comprender que Entropía inicia en 2020, junto con la pandemia, justo en el mes en el cual en Uruguay comienzan las clases: marzo. Y eso no es casualidad: es cuando aceleradamente nos empezábamos a quedar sin recursos los profesores, debido a esa época nefasta que empezábamos a vivir.

La educación en ese momento.

Dentro de la locura de todo ese contexto, es que se me ocurre empezar a grabar mis clases y subirlas a YouTube pero de manera oculta, pasando el enlace por mail de cada clase grabada a mis estudiantes. Recuerdo que yo salía a la calle asaltado por un montón de cuestionamientos... "Me están pagando por un trabajo que no estoy haciendo bien" "¿Cuánto durará esto?" "¿Qué pasará si me echan del trabajo mañana mismo?" "¿Estoy enseñando o estoy solamente preservando mi trabajo mientras vendo humo a mis estudiantes?" "¿Están aprendiendo o asistiendo por obligación?" "¿Qué los preocupa?" "¿Cómo saber lo que les pasa realmente?" "¿Cómo seguir siendo el mismo ser humano de antes sin mostrarles ni generarles dudas existenciales?" El deber del docente es ir al aula, recibir a sus estudiantes, mostrarles procedimientos en vivo y en directo, hablar con ellos, comprender sus motivaciones, sus frustraciones, y así ir convirtiéndose paulatinamente en un mejor profesor para cada uno de sus estudiantes y sus grupos. Pero en ese momento la única salida que había era inventar: dar clases por Zoom, por Jitsi, por Microsoft Teams, por donde fuese que uno pudiera hacerlo. No estoy hablando únicamente de mí, que ya tenía mis propios recursos armados porque desde hacía más de 10 años que venía escribiendo en mis 2 blogs y ya poseía más de 200 artículos en línea, todos vinculados a la enseñanza, todos míos, todos genuinos. Hablo del cuerpo docente en general, que se tuvo que arreglar como pudo en un mundo —y especialmente un país— que todavía no logra educar digitalmente. Los liceos no tenían una plataforma definida para trabajar junto con sus profesores y estudiantes. El Estado no había desarrollado una específicamente por y para "la pandemia". Cada uno hacía lo que podía, en todo ese entorno y con esa incertidumbre-inercia de no poder saber qué iba a pasar con el trabajo, con los estudiantes, con la educación, y con el mundo. Ahí nace el "musguito en la piedra", el yuyito en la grieta, Entropía binaria: ahí es que yo me decidí a poner a las redes sociales a trabajar para mí y a usarlas de manera provechosa para todos, pero sin aceptar a pie juntillas las herramientas que ya empezaban a pretender imponernos algunas direcciones de la enorme mayoría de centros educativos, con "mandamientos" como "tenés que usar este recurso, y este, y este en línea, y hacer las cosas así y asá", sin comprender en profundidad ni saber lo que estaban diciendo ni haciendo, pero obligando igualmente, porque "las cosas tienen que ser así ahora".

El "Flan CeiMal".

En Uruguay, Plan Ceibal —institución con la cual estoy profundamente en desacuerdo por razones políticas, educativas y técnicas, en ese orden— ya venía repartiendo baratijas conectables a Internet al mejor modo "rapaz conquistador rodeado de ingenuos indígenas". Pero contaba con la contra de un analfabetismo digital galopante para el cual la siempre burda política partidaria jamás encontró mejor receta que seguir los lineamientos del hermano de un torturador yanqui: salir con traje impecable y sonrisa de "me están filmando", y sobresaturar la plaza con productos tecnológicos mal acabados, mal administrados, mal concebidos, mal optimizados, que poseían su fecha de caducidad 10 años antes de haber salido al mercado.

Basura tecnológica utilizada política y socialmente, barnizada de mentiras creíbles: vectores de transmisión de adoctrinamiento y fomento del corporativismo, en las sucias y tiernas manitos de niños malnutridos de la periferia.

Ya eran vetustas cuando las regalaban por primera vez, embaladas en cajitas, a esperanzados escolares y jóvenes liceales que inmediatamente iban a empezar a utilizarlas para escuchar cumbia villera, entrar permanentemente a Facebook y jugar a juegos Friv. Dentro de ese contexto, muchos profesores tuvieron que inventar, idear, crear, sacar de la galera trucos de magos que realmente fueron, porque la institución no les dio herramientas: les dio chatarra con WiFi.

Algunos verdaderos héroes de la pandemia.

Si bien se decía que el personal de "la salud" era la primera línea de defensa de cada país —cosa con la cual no estoy de acuerdo, ya que no fueron las mutualistas de salud ni los médicos sino los enfermeros los que estuvieron esquivando las balas en las trincheras—, ¿qué pasó con los profesores, que nadie lo reconoció? Nadie, ni el Presidente, ni los Ministros, ni ninguna institución estatal reconoció la labor docente. Siempre nos metieron más trabajo y nos hicieron quedar peor frente a la ciudadanía: "que hay que dar más clases", "que no se puede perder ni un día de clase", "que las vacaciones tienen que ser más cortas", "que los profesores tienen que trabajar más", "educación, educación, educación", decía el masón. Pero ahí realmente los artífices de la maravilla fuimos los docentes, en un área educativa que se sacó adelante "a garra y corazón", sin saber siquiera cómo empezar ni por dónde hacerlo. En ese contexto, muchos profesores fueron auténticos adalides sociales, junto a las nurses, los enfermeros, y solo un reducido grupo de valientes médicos. Mi caso fue mucho más sencillo, porque yo no trabajo como docente en la educación pública, que es la que normalmente presenta las más grandes carencias. En ella trabajo como técnico. Y en la educación privada, que es la que normalmente tiene más recursos, me desempeño como profesor en varias materias. Y a mí, por mi formación tecnológica, se me hizo incluso mucho más fácil: yo ya tenía los recursos, ya sabía cómo usarlos, ya sabía lo que quería, lo que iba a hacer... Ya sabía todo lo que iba a terminar rechazando y sabía que contaba con los recursos, tanto en mi casa como en la institución educativa.

El inicio de la transformación.

Lentamente fui pasando de "solo subir clases grabadas mediante Zoom" a grabar mis clases en mis tiempos libres y subirlas también a YouTube, ya con un contexto mucho mejor planificado y elaborado. Entonces, el canal, que se llamaba "Hugo Napoli Profe" (un nombre que hasta el día de hoy me suena rarísimo y hasta algo ridículo), empezó a contener no solamente clases grabadas por Teams, que era la aplicación que nos pedían que utilizáramos en el liceo en donde yo trabajo (porque Microsoft salió como ave de rapiña a ofrecer su producto Microsoft Teams lucrando con la miseria y con la necesidad humana en un momento de apremio). Entonces, era lo que había que usar y era lo que le decían a todos los estudiantes y a todos los profesores, y si vos te rehusabas a hacer eso, quedabas por fuera del círculo, por fuera del circuito, complicabas, generabas rispidez y "doble trabajo" a todos los demás, y como tenías temor a que te echaran del trabajo o te fueras a tocar el arpa con San Pedro debido al amarillismo periodístico —impune infectador de cerebros— y a la desinformación colateral sobre el virus covid, entonces, vos ibas utilizando las herramientas que te pedían que utilizaras. Pero todo tenía un punto; en todo caso había un límite, y yo expuse esos límites y los hice respetar con hidalguía ya desde un inicio, en una apuesta que consistía en tirar una moneda cuya cara "A" contenía un salto al vacío y la "B" un "éxito" devenido en respeto a regañadientes. Por ejemplo, me negué a utilizar WhatsApp, a utilizar las plataformas de Santillana y del Estado que eran una porquería controladas por quién sabe quiénes, donde todo el material que vos cargabas ahí podía ser apropiado por terceros o desaparecer en cualquier momento. Me rehusé a usar Teams para subir contenidos (y al negocio entre Microsoft y el liceo privado en donde aún trabajo), dejando claro que yo solamente usaría esa herramienta, sin reparos, pero para dar clases y nada más, poniendo "links" a todo mi material dentro de mi canal y mis blogs, que eran dos y que estaban llenos de recursos.

Aceleramiento y apertura.

Poco a poco, mis estudiantes me fueron empezando a pedir que creara clases de procedimientos específicos de temas que no se daban en el año. Por ejemplo, yo tenía en el canal de YouTube "Hugo Napoli Profe" clases grabadas a montones, clases creadas en mi casa que empezaban a ser montones, de a poquito, pero también empezaba a crear vídeos a pedido y todo eso empezó a prender las lucecitas del "querer aprender bien" entre mis estudiantes, y empezaron a decirme "tengo amigos que van al liceo tal" y el profesor no les explica bien, o no le entienden nada, o no dio tal tema, o estas clases les vendrían muy bien a tal amigo o amiga que tengo. Era más sencillo que abriera el canal a Internet para no tener que estarnos pasando enlaces privados de contenido que bien podría ser público y generar muchos mejores resultados para la gente. Me decían que me podría venir muy bien a mí, incluso, porque estaban buenas las clases. Yo les agradecía y les decía "lo que sucede es que a mí me van a empezar a criticar los mismos profesores que no tienen recursos" o "mis mismos compañeros de trabajo", además de otros estudiantes, los padres de ustedes, etc., y yo tengo un profundo temor a que se me arme un relajo bárbaro con esta idea de "profesor YouTuber" porque me estoy negando a utilizar las herramientas que nos están empezando a obligar a usar y además soy un bicho muy raro que de repente pueda llegar a ser visto como una molestia porque no usa Windows ni WhatsApp, promuevo el Software Libre dándole palo a Apple y Microsoft, y no me bajo de esos ideales —aún cuando el mundo está en una pandemia no me vacuné— entonces no quiero sumar más variantes problemáticas a mi situación personal. A lo que ellos me insistían: "pero, profe, el que te critique es porque no te está escuchando, porque está bueno lo que decís". ¿Se dan cuenta? "Está bueno lo que decís"... No era la calidad audiovisual de mis videos (que eran un horror al principio)... No les importaba que junto a un video mío surgieran 200 mucho mejores en todo sentido. Era "lo que yo decía"... Entonces me decidí a hacerlo pero no sin pensar un muy buen nombre de antemano... Y ahí es que surge el cambio a "Entropía binaria".

¿Por qué casi no me costó encarar a la cámara y al micrófono y salir al aire?

Yo ya poseía un fuerte componente docente —si se me permite decirlo así—, aún antes de serlo, porque siempre escribí, siempre traté de explicar cosas que me llamaban la atención, cosas que estaban mal, cosas que se hacían pésimamente mal en el mundo, entonces ahora solamente me faltaba la validación de mis estudiantes y de mis compañeros. Para mi sorpresa no solamente ningún estudiante se rió de la calidad de los videos que yo estaba haciendo, ningún... bueno... "casi ningún" padre de familia presentó problemas para mí, ningún compañero mío generó ningún drama de ningún tipo, y yo, sin embargo, seguía subiendo vídeos con temor, porque una cosa es escribir un artículo incendiario en un blog personal, y otra cosa es subir un vídeo con tu cara a una plataforma que te puede llegar a catapultar para bien o para mal, incluso cuando muchos profesores ni siquiera querían usar cámara web en esas condiciones. Bueno, lo cierto es que empiezo con vídeos sobre redes, sobre armado de computadoras, sobre ofimática, sobre procedimientos digitales diversos (todos aplicados a mis clases), pero también empiezo a innovar, a crear y a tratar de hacer que el mensaje que yo tenía en la cabeza se empezara a propagar de la manera más fiel y honesta. Por ejemplo, por qué no estaba bueno utilizar Windows, por qué las computadoras MAC eran mucho más caras y ofrecían mucho menos, por qué las redes sociales eran una cloaca multimedia. Comienzo a hacer vídeos de ese tipo cada vez más seguido, y a mecharlos junto con las clases grabadas, a los vídeos a pedido de mis estudiantes y junto con los vídeos que yo sabía que tenía que hacer porque eran parte de mi portafolio docente.

Lacrando la historia.

Todo lo anterior forma parte de la historia de Entropía binaria en línea, que si no te cuento, no vas a poder conocer. Ahora viene toda la parte que vos sí podés movilizarte a comprender porque todos los videos están ahí ya hace más de cinco años —estamos bordeando los seis años en este diciembre de 2025— que tenemos presencia en Internet. Todo eso está ahí: lo podés ver vos, por vos mismo o misma. Entropía, hoy, además de todo eso que te conté que es, es un bastión de resistencia, un foco de disidencia inteligente, un lugar educativo anticorporativo, un proyecto social y no solo educativo, porque hay miles de amigos y amigas que nos escuchan, nos ven, nos aportan, nos contienen, nos apoyan y dan soporte y hacen viable todo este proyecto que en realidad tiene un canal de YouTube, varios blogs, un sano y familiar grupo de intercambio y comunicación en tiempo real en Telegram, repositorio de código propio y genuino, espacio de pódcasts... Un espacio también en redes descentralizadas como PeerTube, pero, fundamentalmente, un espacio de solidaridad abierto a cualquiera que comprenda nuestra naturaleza y quiera acercarse y/o quedarse, en donde coexistimos, bajo una férrea moderación llevada a cabo por varios compañeros y compañeras, tanto niños, como adolescentes, jóvenes y veteranos.

¿No es hermoso?

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