Espacio web personal de Hugo Napoli | Sobre mí

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Soy una persona de otra época: un bicho raro que vivió con enorme efervescencia el "fin" de la era analógica sin darse cuenta de la importancia que iba a tener esto en su futuro "próximo".

De pequeño siempre anduve desarmando cosas mecánicas y eléctricas. Quería saber "qué tenían adentro" que las hacía "mágicas". Rompí radios, pasadiscos, relojes, alarmas viejas, me comí alguna que otra fuerte "patada" por hacerme el loco con artefactos domésticos... Hasta que empecé a reparar los mismos elementos que antes destripaba, a hacer instalaciones eléctricas en casas de familia y comercios pequeños, y a ganar dinero con ello. Para este momento yo ya andaba pisando los 15. Voy a viajar unos pocos años más atrás para contarte la otra parte de la historia.

Empecé mi acercamiento a la Informática gracias un "TV-Game" que aún conservo (allá por el año 1983, ya dando sus primeros estertores de muerte la cruenta dictadura cívico militar en Uruguay), gracias a que tengo un primo en Alemania (Albertito) que cada vez que actualizaba sus artefactos informáticos, me mandaba a mí los anteriores. Al poco tiempo (1984-85), mi primo me envió su ATARI 2600 con no sé cuánta cantidad de cartuchos... Si yo ya estaba fascinado por poder mover un par de barras laterales blancas sobre fondo negro en la pantalla de mi TV 14", evitando que una pelotita compuesta por 2 pequeñas rayitas verticales similares a unas comillas en negrita se me fueran de "mambo", imaginate mi emoción al haber recibido el ATARI... Pasaba de los 2 a los 4 bits... Del blanco y negro al color (aunque aún proyectado en mi TV B/N, que era una Motorola de 24 pulgadas... un cine en potencia, pero sin color)... Del sonido estilo "beep" de parlante interno de PC a sonidos más realistas creados por un circuito integrado "ad hoc"... Un cambio tremendo... Aunque lo más importante de esa época a nivel digital, para mí, todavía no había ocurrido.

En el año 1987, con mi Peñarol por 5a vez campeón de América, me llegaría lo que sería toda una revolución: una vez más, mi primo a la palestra (a quien siempre le estaré agradecido), me enviaba su computadora porque se había comprado otra. Él ya tenía una "Commodore 128" y me mandó la "breadbin" beige con led rojo y teclado marrón... Ese sí que era un ordenador: la Commodore 64 con el CBM BASIC v2.0 en donde lamentablemente y una vez más, ya había metido sus sucias garras Microsoft, jorobando, ¡cuándo no! a gente en el camino: en este caso, al "otro" Kildall.

No era solo la computadora: era la computadora, con su disquetera "1541", su datassette (el "1530"), y literalmente varias docenas de disquetes de 5 y 1/4"... ¡Había de todo en ellos! ¡Cientos de juegos, de aplicaciones, de manuales digitales y de algún que otro programa hecho por mi primo!

Allí fue que empecé a conocer los fundamentos de la programación, a base de garra y corazón: de nuevo, "a lo Peñarol", "a lo Huracán Buceo", "a lo Ferro" argentino. No había Internet, ni había computadoras en la vuelta. Los únicos tipos que yo conocía que tenían ordenadores, eran 4 (y siguieron siendo los mismos 4 durante toda mi infancia-adolescencia): Damián Bodó, con una TK-90, Aldo Leiva, con una computadora ATARI (no recuerdo el modelo), y Marcelo D'Ágata, Daniel Wurzinger y yo, con una Commodore 64 cada uno. Todos los demás amigos ayudaban dictando código que leían de revistas "Micromanía", "Zzap!", "Video giochi" y otras del mismo tipo.

El círculo se completaba así: íbamos a la calle Tristán Narvaja (calle "de las librerías" por excelencia en el Centro de Montevideo), recorríamos las librerías y sus "zonas de revistas y libros de computación", revisábamos bien que el material que estuviésemos comprando fuese "al menos compatible" con el código que queríamos hacer/aprender/revisar/probar, y nos íbamos lo más rápido posible a tipearlo en alguno de esos ordenadores (tanto daba en qué computadora fuera, si luego podíamos grabarnos cada uno el código resultante en el casete "virgen" que llevábamos en el bolsillo de la campera). En otras ocasiones íbamos a comprar videojuegos a "Joan Soft", a una tienda llamada (creo que también) "Micromanía", al local de Hugo González y a un tal "judío Kneit" (así le decían, desconozco su nombre o al menos no lo recuerdo ahora mismo).

Hacíamos cursos en donde podíamos. En mi caso, empecé con uno de "Logo y pensamiento computacional" por una beca que me gané en la escuela (debo admitirlo: más por ir con una piba que me tenía enamorado, que por aprender computación, porque "amor mata programador" -y esta frase es mía y te la regalo por estar leyéndome en una época en la cual lamentablemente vale más un video de TikTok de 15 segundos que un texto cualquiera-), a los 10 años, en un instituto que quedaba en la rambla, cerca del "Puertito del Buceo", antes de tener ordenador. Luego, fui a aprender a lo de "Javier Vega" (academia privada de enseñanza de varias materias y de Computación, "palanqueado" políticamente por "Rodríguez Labruna"), la academia "Bull" que enseñaba "GW-Basic", y francamente no sé si a algún otro lugar. También, muchos de nosotros estudiábamos inglés, yendo a clases particulares. Para este entonces, yo ya andaba por los 16-17.

Desde allí en adelante mi historia fue otra: no sé a dónde fue a parar el ATARI, pero sí sé que mi Commodore 64 había empezado a romperse seguido... Era una máquina que tenía más palo arriba que "milanesa de bar". Recuerdo que estábamos con mi amigo Daniel en casa (y con otro amigo llamado Gustavo Juan), jugando al "Pitfall" en mi Commodore y esta se empezó a apagar a cada rato. Tuve que buscar a un técnico que entendiera de "Commodores sesentaycuatros", y me la terminó arreglando un tipo que justo vivía en el barrio, a unas 10 cuadras de mi casa: era la fuente de alimentación o "transformador de 2 voltajes". Luego, la máquina empezó a encender cuando quería, y ya no era la fuente. Yo la usaba igual, porque cuando quería prender, se mantenía encendida y funcionaba bien. Luego... de las pocas veces que encendía bien... empezó a encender, la mitad de las veces, con caracteres ASCII de colores y tipos aleatorios llenando la pantalla... Es decir que ahora había un "doble filtro": si prendía, había que ver si no "prendía mal"... hasta que no prendió más. Seguía sin ser la fuente de poder, pero el técnico que me reparó la misma, no sabía reparar esas fallas que acabo de describir, así que... seguí buscando técnico, hasta que di con uno, cerca del Viaducto (alrededores del barrio "Paso Molino" de Montevideo). Fui solo, en ómnibus. El tipo me dijo que volviera a buscar a mi computadora en 1 mes, y me dio su número telefónico (tampoco había celulares: las comunicaciones impersonales se daban a través de telefonos de línea). Me fui meditando... ¡Todo un mes sin mi computadora, loco, no puede ser! Yo en esa época programaba como un enfermo, todos los días, todo el tiempo... Más o menos como ahora, pero en lugar de hacerlo en BASH, lo hacía en BASIC. Había aprendido por método autodidacta, y eso se sentía impresionantemente bien. Volví al mes: el técnico me dio, a su vez, pésimas y excelentes noticias.

Las pésimas: la máquina presentaba varios fallos que requerían piezas de Estados Unidos para ser mitigadas. Me explicó que la reparación "no me convenía" porque me iban a "arrancar la cabeza" por 3 circuitos integrados que había que importar para que él pudiera repararla... más su mano de obra, claro. La única buena: me cobró barato por una limpieza general y el cambio de otro circuito integrado (RAM) que él tenía de una Commodore usada y rota, pero que andaba bien. Me dijo: no la dejes recalentar y usala por el tiempo que le quede. Como alguna vez dijo Zitarrosa: "la suerte ya estaba echada".

Volví a casa, la conecté, la dejé prendida por unas horas... no se apagó. Encendía bien. En lo sucesivo volví a programar a diario, pero si le cargaba algún juego, al cabo de 5 o 10 minutos, se "congelaba el sistema". Poco a poco volvieron los mismos problemas que ya habían ocurrido antes... Hasta que realmente no encendió ni siquiera la lucecita de "power". Me tomé un "bondi" y arranqué como si no hubiera un mañana para la casa del técnico que me había salvado la vida, por si pudiera hacer magia de nuevo... El tipo ya no vivía allí y los vecinos no sabían a dónde había ido a parar. La llevé a otros lados: "lamentablemente no sirve más", "no se puede usar ni para piezas de reemplazo", "lo fundamental está dañado severamente, pibe". La conservé rota durante años, más por tener el trofeo que por exhibirlo, hasta que a los 20 me fui de casa y la tiré a la mierda, menos por bronca que por tristeza. Todo fue a dar a la calle, dispuesto prolijamente en una caja de cartón que decía "rota": la computadora, los disquetes aún funcionales, el soberano manual que traía (hoy conservo una edición más pequeña del tremendo manual que yo tenía en aquél entonces), las revistas, los libros... Yo no podía comprarme una computadora: al irme a vivir solo forzadamente, mis preocupaciones pasaban por "morfar" y pagar el alquiler, antes que por otras cuestiones. Y si sobraba un "mango", hacer asado y tomar unos vinos con amigos, en juntadas en donde todos teníamos que poner guita porque sino no nos daba ni " p'al agua Salu' ". Tampoco mi familia de Alemania me iba a mandar otra Commodore 64, sobre todo porque -pequeño gran detalle- ya no se fabricaban más... Ya estaba todo perdido y había que encarar la situación con los nervios de acero, la determinación y el amor incondicional de quien tiene que hacer sacrificar a su viejo perro compañero de más de década y media porque ya el pobre tipo no puede ni caminar. Hoy me arrepiento de haber puesto a esa caja en la calle. Con gusto la conservaría... si eso me sucediera hoy y no ayer. Pero era algo que en ese momento debía hacer: matar un poco... solo un poco del pasado, para poder respirar, también, solo un poco.

Desde allí en adelante (precisamente desde mis 17 años y hasta los 25 aprox.), no hice más nada relacionado a la Informática y me dediqué a la música. Armé amplificadores caseros, arreglé algunos equipos de voces, y toqué el bajo por años. Todavía lo hago. A los 26-27, me convertí en un enfermo de las fórmulas y funciones en "Excel". Empecé a programar también con Macros y hasta hice juegos en Excel... ¿Te imaginás? La batalla naval fue uno... Había creatividad en este señor que escribe. Y también "viveza criolla". Mucha. Mezclá ambas cosas y tendrás a un "pichón de McGyver", te lo aseguro. Aprendí rápido Visual Basic 5. Tengo aún el libro que gasté leyendo y hojeando.

El primer sistema operativo "moderno" que toqué no fue Linux ni Windows 95: fue Windows 2000... Yo ya tenía unos 30 a esta altura. Pero un buen día, allá por el año 2007 (creo, tengo que sacar cuentas basándome en documentación que ahora no tengo a mano), un profesor joven del cual lamentablemente no recuerdo el nombre, en la UTU, en la asignatura "Sistemas" del curso "Reparación de PC" que yo cursaba, mencionó a algunos linuxes... Entre ellos a Mandrake y a "Ubuntu", que según dijo, era el más usado pero no el que más le gustaba a él. Un crá ese loco. Tenía espíritu crítico y lo contagiaba. Además, daba buenas clases. Yo sería "uno de los suyos", mirándolo en retrospectiva. O, visto desde otro ángulo, yo ya era un "Linuxero dormido" al que ese toque logró despertar. Apuesto lo que sea a que el tipo jamás supo que fue uno de mis mentores. Ojalá la vida me dé la oportunidad de agradecérselo, así como lo he hecho con otros profesores.

Recuerdo que me fui de esa clase preguntándome qué tan distinto sería Linux a Windows... Y lo demás, es parte de mi historia actual. Nací en el 74... Sacá la cuenta.

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